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El gran cambio será adaptarse al cambio

El mundo ya cambió: el desafío que pone sobre la mesa el primer virus 2.0

El Covid-19 no está cambiando al mundo, sino que es más bien una consecuencia de grandes cambios que ya han ocurrido, que con esta pandemia quedan en evidencia, y a los que necesitamos adaptarnos para no desaparecer.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define como coronavirus o virus corona a “una amplia familia de virus que pueden causar diversas afecciones, desde el resfriado común hasta enfermedades más graves”.

En el año 2002 el mundo se enfrentó a un coronavirus, el llamado Síndrome Respiratorio Agudo Severo o SARS, que afectó a unos 25 países.

En el año 2012 nos tocó enfrentar a otro virus corona, el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio o MERS, que generó también contagios y muertos en más de 30 países.

El COVID-19 es nada menos que el tercer virus corona que aparece en 18 años.

¿Por qué entonces la relevancia que tiene es sustancialmente diferente de la que tuvieron en su momento el SARS y el MERS?

La respuesta, es que este es el primer virus 2.0.

En efecto, en el año 2002 no existían Facebook, Twitter ni Instagram, y Steve Jobs todavía no tenía en su cabeza la idea del iPhone.

En el año 2012 tenían acceso a Internet en todo el mundo 2000 millones de personas menos que las que tienen acceso hoy.

Efectivamente, el enorme desarrollo tecnológico de los últimos 20 años ha dado lugar a avances que en otros tiempos eran inimaginables, generando un estado de hiperconectividad cuyas características más salientes son el empoderamiento de la gente, la aparición de ámbito de relacionamiento como las redes sociales en los que todos somos iguales, y la necesidad de encontrar cuestiones o causas de interés colectivo para poder conectarnos con otros.

La comunicación, tal como la conocíamos los que nacimos entre las décadas del ’60 y del ’90, e incluso en los primeros años de este siglo, ya no existe más.

Esto es lo que hace al Covid-19 diferente de cualquier otro virus corona con el que el mundo haya tenido que lidiar en el pasado.

Como el mundo es diferente y funciona de manera diferente, las respuestas que dimos antes a los desafíos que nos tocó enfrentar ya no sirven para enfrentar hoy desafíos similares.

Hay que cambiar para adaptarnos al cambio que ya ocurrió y que esta pandemia hizo evidente de una manera brutal.

La conversación que se ha disparado alrededor de las medidas sanitarias y de las medidas económicas adoptadas por los diferentes gobiernos, que no tiene nada que ver con la manera en que se debatió el combate contra el SARS o contra el MERS, prueba que ese cambio no puede esperar.

Lo interesante es que lo mismo ocurre en cualquier otro ámbito que no sea el de la salud: lo que antes hacíamos frente a un desafío, hoy ya no nos sirve.

Se nos murió el disco rígido de la computadora en la que teníamos archivadas las respuestas que pusimos en práctica en cada problema por el cual habíamos pasado, y ahora tenemos que empezar de cero en cada caso.

Y en este escenario en el cual la comunicación no existe más, los actores están empoderados y es necesario conectarse sobre la base de cosas que nos interesen a todas las partes, es clave encontrar un propósito compartido.

Ahí está el desafío post pandemia.

Encontrar un propósito compartido que nos permita conectarnos mejor e iniciar de manera más sólida el camino de recuperación económica que vamos a estar obligados a transitar.

Cambiar para adaptarse a un cambio que ya ocurrió.

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